
Unos momentos de relax, relax aparente, en realidad son unos momentos de no apetecerme seguir trabajando y para calmar a mi conciencia intento escribir y hago como que doy alimento al espíritu .
El otro día charlaba con unos amigos, solemos reunirnos y charlar de muchas cosas, pero especialmente charlamos de nosotros, de nuestras cosas, de nuestros problemas y de cómo los resolvemos y así como quien no quiere la cosa salió el tema de la mentira, de sus diferentes usos y justificaciones. Sin darnos cuenta de que esas justificaciones en realidad son nuestros miedos, nuestras incapacidades a la hora de resolver un problema. Nunca pensamos que una mentira por pequeña y tonta que parezca, puede ser devastadora, incluso hay mentiras a las que llamamos piadosas.
No me extiendo m ás que estoy desentrenada, solo deciros que en un momento dado alguien nos contó lo siguiente:
COSQUILLAS
Hoy he disfrutado de un bonito amanecer, ha sido Sara quien me ha llamado para verlo juntos, lo hace muchas veces,los primeros rayos de sol acariciando las nubes dándoles un bonito color rojo, es la hora mágica que anuncia el nuevo día, un nuevo día cargado de vitalidad e ilusiones.
La verdad es que soy un padre afortunado, disfrutar del momento mágico del amanecer con mi hija no tiene precio, es un instante de luz y de silencio, de tranquilidad en el presente y confianza ante el futuro, miramos al futuro con esperanza.
Las miradas, los ojos nos cuentan muchas cosas y la paz y la confianza que hoy reflejan los ojos de mi hija son el resultado de otras miradas, de ojos llorosos, de ojos sinceros y miradas incapaces de mentir por muy dolorosa que sea la verdad.
Hay preguntas que no se olvidan nunca, hay miradas que desgarran el alma y hay que ser muy valiente para hacer ciertas preguntas. Sara tenía 8 años cuando murió Leni, pocos días antes, cuando la llevaba a su clase de inglés, en el ascensor, me miró fijamente a los ojos y me preguntó:
- “ ¿ Mi Mamá se va a curar ? “.
- Me habría gustado poder escapar de aquel ascensor, escapar de aquella pregunta, huir de la mirada de mi hija, huir de la realidad, pero sobre todo me habría gustado decirle a mi hija que si, que su Mamá se iba a curar. El silencio, mi buen amigo el silencio, ese compañero que me ayuda a pensar se hizo eterno, no me encontraba con fuerzas para decirle a mi hija la verdad, incluso me parecía cruel, pero aquellos ojos seguían fijos en mí, desgarrándome el alma, pidiéndome una respuesta:
- “ No, Mamá no se va a curar “
Y la abracé.
A los pocos días Leni murió y hoy me pregunto que habría pensado mi hija si yo le hubiera dicho que si, que su Mamá se iba a curar, probablemente se sentiría engañada, estafada por su propio padre, y seguramente hoy, esta mañana, no me habría llamado para contemplar este bonito amanecer, hace 4 años la abracé para mitigar una cruel realidad y hoy la abrazo para mirar con confianza un bonito amanecer, un futuro esperanzador.
Hoy la mirada de mi hija no me desgarra el alma, esa mirada ya no me pide respuestas, hoy la mirada de mi hija me hace cosquillas en el alma y hace sonreír mi corazón, cosquillas que cicatrizan heridas, cosquillas que devuelven la alegría de vivir, cosquillas que dan sentido a la vida, cosquillas fruto del amor y la verdad.