No había perdido la mañana a pesar de haber paseado despacio y sin rumbo, a pesar de que su única aparente acción fue pedir su cerveza favorita en la terraza de la plaza. La daba por bien empleada al sentir despejarse por completo el frío del invierno, de todos los inviernos, no solo por la agradable temperatura sino por la sorpresa que sintió al encontrar en aquella anciana que apenas podía caminar y tirar por las bolsas de la compra, la mirada que dirigió al anciano con el que se paró a charlar y como él le respondió de la misma forma. Su forma, su aspecto, sus palabras no se correspondían con la fuerza y el calor que desprendían sus grises ojos. Vio en ellos la magia y la agitación de la vida. Sintió como sus almas dejaban por un momento los decrépitos cuerpos y se unieron para bailar apenas rozando el suelo, formando sensuales figuras como si de Fred Astaire y Ginge Rogers se tratara.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales