Cuanto tiempo sin venir por la cocina. Pero definitivamente la primavera va llegando a su fin y poco a poco la vigilia se apodera de mí sacándome del largo letargo invernal. Es que como me duermo un poco tarde, me despierto un porco tarde.
El otro día me encontré con una cinta de lomo en la nevera, la abrí, la vi. y dije:
-Hombre, una cinta de lomo. Buenos días, señora cinta de lomo. Con su permiso creo que hoy me la comeré.
Y ella me respondió:
-Ah, pues muy bien, pero si es ud tan amable, me apetecía que me rellenara un poco, que me veo un tanto aplastadita.
Y yo me dije:
¿Por qué no le voy a dar yo a la señora cinta de lomo su último capricho?
Así que me puse manos a la obra y con mucho cuidado fui abriéndola, como si estuviera pelándola, para que quedara una cinta, pero muy larga y delgada, que es como veo yo que son las cintas.
Me dispuse a rellenarla y ¡oh! sorpresa, no tenía un relleno destinado para la señora cinta de lomo.
Venga, otra vez a improvisar, así que cogí los restos que por allí pululaban: que si un poco de col china preparada con manzana y cebolla, unos pimientos del piquillo a punto de ponerse malos y almendras. Cuando ya había dispuesto todo esto a lo largo de la carne (je, je, esta vez no dije la señora cinta de lomo) pensé que una manzana cortada en trocitos tenía que estar de vicio, pero no quedaban manzanas, y el plátano que lucía en el frutero no me pareció adecuado, así que con esos sencillos ingredientes, decidí cerrar y atar el lomo (je, je)
Cogí mi maravillosa olla GM, un poco de aceite y a dorar el peazo carne por un lado, luego la vuelta y en ese momento es cuando le puse bastante cebolla bien picada y más almendras muy picadas también para una salsa. Quise ponerle manzana pero como seguía sin tenerlas, me quedé con las ganas.
Cuando ya estaba dorado, un buen chorretón de oporto, cerrar la tapa y dar al botón de menú carne.
Pues si os acordáis de echarle sal y un poco de pimienta: ¡rico, rico! palabrita del niño Jesús.
Que despertares mas sosos tengo.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales