Hoy volviste a mí desgarrándome algo más en mi corazón. Algo de eso que ni el tiempo consigue reparar.
Tu que conseguiste que rompiera con mi futuro y abandonara todo por ti, vuelves a comportarte como la amante caprichosa e insaciable que disfruta tentando el amor que despierta. Tu que ya te llevaste a compañeros, que me arrebataste a amigos…
Tu que me probaste una vez y acepté el desafío gustosa saliendo inconscientemente airosa, tu que me lavaste con sangre por segunda vez poniendo a prueba mi coraje. Aún no te sientes ganadora, intuyes que lograré cicatrizar la herida que me dejaste venciendo al miedo que me pusiste de cepo. Hoy vuelves para jactarte de tu poder y llevarte inocentes, a personas que conocía.
Hoy supe a quien habías atrapado. Hoy me hiciste escuchar el llanto impotente de una madre por desconocer la suerte de su cachorro, teniendo sólo la certeza de que tu te habías encaprichado apresándolo.
Me hiciste ver a unos padres dolorosamente radiantes de poder abrazar a su niño. Dolorosamente felices, de poder tener como tarea contarle a su hijo que 5 de sus compañeros no volverán a reír ni a jugar con él, porque una vez más, tu quisiste alimentarte de la vida de quienes por ti transitan, dejando sus cuerpos rotos y destrozados quizás buscando tu propia existencia. Dolorosamente aliviados de no ser ellos quienes en esta ocasión sufrirán el vacío de la perdida de un hijo.
Hoy me has vuelto a doler, hoy de nuevo me desvelas, hoy he vuelto a recordar y por eso te digo:
¡Maldita, maldita!, querida carretera.
La muerte espera pacientemente su ofrenda, ornamentada de cirios, flores y lagrimas; el dolor de la perdida, el vacio de las ausencias, la angustia de ese del silencio grita. Una verdadera trágedia.
Publicado por Crisdolot
lunes, 17 de abril de 2006 | 20:13
Mas que la carretera,
que culpáis de ese dolor,
es responsable el necio
que se la juega al motor.
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