Vaya desilusión me llevé al ver el resultado del test. Resulta que después de escuchar en las noticas, leer en los diarios a legisladores, políticos interesados (es que no me sale la palabra) de la SGAE, ¡ah sí!, responsables de esa sociedad. Leer que una ministra, la culta, la que vela porque todo el pueblo pueda acceder a la cultura de la mejor forma posible que esta llegue a cada rincón del país, la responsable de que la acepción analfabeto no se quede sólo en no saber leer y escribir. Después de hacerme creer que soy mala malísima, una desalmada sin escrúpulos que no valora el esfuerzo y el trabajo de los demás, una envidiosa por carecer de padrinos o de cualidades, ya no me acuerdo. En fin después de decirme que por intercambiar canciones con otra gente, merezco más pena que un terrorista. Hago un simple test y me dicen que no soy pirata. Y ¿ahora qué? ¿qué hago con el parche para el ojo que tenía encargado? yo admiradora sin límites de tan “queridos” personajes, ya desde que descubrí El Corsario Negro y reafirmado y confirmado por Johnny Deep como mi pirata favorito del Caribe.
Me parece que me han creado una pequeña crisis de identidad, ahora ¿Qué coño hago?
Sigamos como si nada pasara, no importa que el canon de 40 céntimos lo quieras subir a algo más de un euro, no importa que quieran poner un impuesto revolucionario por usar el adsl, no importa que la presunción de inocencia se la pasen por el forro de los/las cojones/cojonas,
Una anécdota que no viene al caso, pero da igual, la cuento, porque ya me cabreé y porque me apetece:
En uno de los múltiples hipermercados (de momento no pongo el nombre para no dar publicidad) cogieron la sana costumbre, no solo de “registrar” el carrito de la compra cuando sales, sino también cuando entras. Yo quisquillosa como no hay nadie un buen día que iba sin prisa y mentalizada a emplear alrededor de una hora en el trámite, me harté de tener corriendo a los uniformados, decidí hacer uso de mis derechos así que pregunté si había algún aviso de emergencia, me responden negativamente, pregunto que a qué se debe entonces el pretendido registro y sin caerles la cara de vergüenza me responden que es indiscriminado, que registran a todo el mundo y que si me niego me vetan la entrada. Acepto sus reglas y no entro, pero me acojo a mis derechos y pido la hoja de reclamaciones. Después de tiempo de espera, de escuchar gilipolleces, llamadas a la conciencia colectiva, al sentido común y un montón de cosas más, por parte de “un jefe” consigo que me firmen mi reclamación.
Desde entonces, nunca más han pedido, ni a mi, ni a nadie que se deje registrar antes de entrar. Quizás porque estaban cometiendo una ilegalidad, aunque consentida por la gente y quieran llevarlo como prueba al arbitraje que solicité, quizás porque más gente escuchaba y supieron que no tienen porqué consentir que los traten como vulgares chorizos, o que se yo porqué.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales