Después de mucho pensar no lo conseguí, lo reconozco, mi neurona acabó de atrofiárse allá en Chueca. Mi rehabilitador no pudo hacer nada por ella, por mí poco pudo hacer. Eso sí, en cuanto me recupere de esta última aventura, vive dios que vuelvo.
Nada, os decía que de vuelta quería poneros la crónica del viaje, pero tengo tantísimas cosas y estoy tan vaga que se me hicieron las letras un churro y no sale nada legible. Entonces pensé en poneros otra receta, por aquello de que no digan que os tengo a dieta en esta Posada y pensé: "¡que mejor que unos caracoles!", pero cuando tenía todos los ingredientes preparados, voy a echar mano de los babosos bichos y no os lo creereis, pero se me habían escapado todos, pero todos, todos. Total, otra vez aquí delante, con una cerveza, porque yo no soy de vino, sin receta y sin idea; solo me queda empezar a contaros mi aventura cultural, porque la lúdica en Chueca…que os voy a decir que no os imaginéis.
Ahorita mismo no recuerdo si fue antes o después sencillamente fue, la segunda visita ilustrativa. La primera…¡uy! la primera y excusa, perdón objeto del viaje, consistía en visitar una exposición sobre los faraones . De momento sólo deciros que tenía reservada hora para las 10 de la mañana y justito, justito a las 10, Morfeo mecía dulcemente sus brazos, entre los que me encontraba prisionera; pero esa historia merece atención privada.
Retomo. La segunda después de mucho dudar y como resultado del azar, ya que fue el primer edificio que encontramos, fue al museo Thyssen y como anunciaban que había una exposición de estas itinerantes de Fra Angélico, autor que me encanta, allá nos metimos mi camarada y yo. Al final resulta que de Fra Angélico sólo había un cuadro, porque incluso otros dos que forman parte de la colección permanente los habían prestado a no se quién.
Podría decir que se trató de una visita tranquila, pero no. Fue agotadora y movidita, alrededor de tres horas de recorrer salas y más salas mirando y admirando hermosas pinturas. Incluso tomé anotaciones, que menos mal que lo hice porque ahora estaría investigando como se llamaba aquél cuadro.
Hubo muchos que me gustaron y unos pocos, muy pocos que me llegaron, entre ellos está El baño de Diana de Jean-Baptiste Camille Coroti. Me atrapó su luz, sus trazos suaves y transparentes, fundidos entre sí con extrema delicadeza y la sensualidad que emana de cada milimetro de la obra. Me imagino al pintor pasando el pincel casi sin rozar la tela, tratando de no hacer daño a la diosa...
Luego ya más prosaica pensé que si volviera ese canon de belleza, quizás éste autor o antes un Rubens me tomaran de patrón por lo de las acumulaciones de reserva…
Con este me deleité, está claro que cierto arte hay que contemplarlo en directo, no valen fotos ni buenas reproducciones.
También descubrí la ubicación de todos los cuartos de baño, lo atentos que están y lo numerosos que son los componentes del cuerpo de seguridad, que entre sus muchas funciones está en velar porque nadie hable por el móvil dentro de las salas y aquella mañana, sonó mi teléfono más veces que casi todos las veces juntas desde que le tengo. Y entre cuadro y cuadro, allá iba yo corre que te corre, teléfono en mano en busca de un baño libre como si el aparatito hubiera sido presa de un ataque de gastroenteritis o eso que en el extranjero llaman la enfermedad del turista (hablando que se entienda, una cagalera ) así que si la visita son 4 kilómetros, yo recorrí como 12 y a buen paso que es como dicen que se ha de caminar.
Hubo otro cuadro que llamó mi atención y fue por varios motivos, la composición pictórica, su colorido, la historia que cuentan todos y cada uno de sus personajes y lo a colación que venia con parte de las llamadas que estaba recibiendo. Este cuadro me recordó a una de esas viñetas de Ibáñez que tienes que dedicarle mucho tiempo a observarla para no perderte todos los detalles como ese gato al que el ratón está sacando un ojo, o el gusano que intenta liarse un porro después de situarse en la manzana.
No aquí no había gatos a los que los ratones sacasen ojos, pero todo el lienzo está lleno de vida, cada pincelada te cuenta algo y al finalizar la observación, a poco que lo intentes, conoces hasta el nombre de los padres de los protagonistas. Delicioso. Se trata de
El Matón del vecindario de John George Brown
Continué el recorrido dejándome invadir por la simplificación de Monet, la compleja sencillez de Renoir y la agitación de Van Gogh. Definitivamente Picasso no me dice nada y me quedé con las ganas de Fra Angélico, quizás con el tiempo tenga la excusa, perdón el motivo, para otra visita a la capital del reino.
NOTA Las fotos las cogí con permiso de la página del museo Thyssen, porque ¿me dais permiso verdad?
Ey, chorba, triunfas más que la san miguel cuando te pones en órbita con tus santos jones mas que angélicos. el churri ese de pintaba de rodillas se ve que pa tener fresquitos lo huevos y no pillar salmonela. La tronca del cuadro no la tneis de espaldas? pa verla en cucus bueno Sisí digo Vanadís sisigues a´si vas a llegar antes que los americanos a la luna. UNcigarrito pal pecho por lo bien que lo has hecho yo soy de birra
Una curiosidad chorbo ¿Trabajas en el montaje, en el transporte? tu forma de expresarte me recuerda viejos tiempos, en los que "los compañeros" de curro, en señal de buen rollito se daban los buenos días preguntando si habían follado la noche anterior, se tocaban (voy a ser fina que ya no soy camionera)el pene para comprobar su potencia y se respondía: ¿Que crees que soy maricón?, anoche siete sin sacarla y el escape frío."
Publicado por seudolus
martes, 04 de abril de 2006 | 23:17
Mi querida Vanadis, respondo porque me siento ofendido como tipo del montaje y del monte. En estos curros no nos tocamos el "pene", pues no somos camioneros medio nenas, nosotros tenemos polla (como una olla). Y el lenguaje que empleamos es bastante más cuartelero, vamos, no apto para esta posada ¿O si?
Esto dicho sin ánimo de molestar, solo como aclaración. Pero es que hay que joderse, tratarnos a los del montaje como si fuéramos unas putas nenazas. Señor lo que hay que aguantar.
Mi querido Seudolus, ya clarifiqué, que ahora soy "fisna" y digo pene. Me disculpo con el montaje, pero no me toques el transporte. ¿Nenaza yo, virgen aún de la dirección asistida, del tacógrafo y el GPS?
Pene, pene, pene...Y se más caca, culo, pedo, pís y teta
Publicado por seudolus
miércoles, 05 de abril de 2006 | 2:24
Vale, bien..y no digo más porque se me escapa el lenguaje cuartelero. Además estoy escuchando al Brian Settzer.
Un saludo desde aquí. Buenas noites.
Hola Vvanavis me han gustado mucho tus cronicas viajeras.Es lo mejor hacerte un viajecito de esos de vez en cuando.A mi me hubiese encantado acompañarte, me encanta el arte en general, de la pintura, el impresionismo y el posimpresionismo son de los movimientos artisticos que mas me gustan,¡y hace de tiempo que no voy a un museo! ¡en el proximo viaje te acompaño!que me as dao mucha emvidiaaaaaaaaa
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales