Hacía tiempo que no cogía mi pequeña mochila para alejarme durante unos días del mundanal ruido (esto promete, ya me salen frases hechas que suenan bien) Así que el otro día, dicho y hecho. Me despedí de mi queridísimo y de mis cachorros y salí en pos de la aventura. Esta comenzó en tren, que es como creo yo que deben comenzar ciertas aventuras. A mi me parece más romántico, con otro aire. antes de llegar a la estación, en los inicios del viaje ya antes de llegar a la calle, mirándome al espejo del ascensor, lo reconozco siempre me miro al espejo del ascensor, me decía a mi misma: Vanadis Jones, es mejor el tren, dura un poco más el viaje y con ello podrás echar la sagrada cabezadita de después de comer, así que dicho y hecho...dí la cabezadita.
Cuando llegué a uno de mis destinos, después de observar durante un tiempo, encontré a alguien, resultó ser un amigo. A pesar de estar en mi año kafkiano (léanse Los Visitantes) esta temporada me encuentro con muchos amigos, muchos y bueno amigos, es más, de algunos diría que "buenísimos" amigos. No digo lo de grandes, porque teniendo en cuenta mi talla, a todos los encuentro grandes, enormes diría yo.
Juntos partimos en busca de nuevas aventuras, esta vez no en tren, sino cual caballero de blanca cabalgadura, me llevó en su níveo (al menos en sus primeros tiempos) vehículo de tracción trasera.
Hicimos camino buscando parada que no hallamos, hasta que finalmente en un pequeño núcleo de población, descendimos y continuando nuestra marcha a pie, nos topamos con otro que también resultó amigo y complacido se unió a nuestra causa. Ya éramos tres, como los mosqueteros y a partir de ese momento, todo fue compartido: la comida, la risa, la charla, la compañía, la casa y alguna queja. Cervezas y vino, agua y algún otro carajillo. Paisajes y guitarra, esperanzas…vamos, un poquito de alma.
Fueron unos días, en los que mis pulmones se llenaron de ese extraño aire, el que se llama puro, mis oídos fascinados por ese silencio que te permite escuchar los sonidos: la respiración de tu acompañante, tu pantalón rozando al caminar, el aleteo de los pájaros, el mar…con su carga de decibelios.
Sí, así me iba quedando, tranquila, relajada, sintiendo como poco a poco me llenaba de otra energía, ésta fresca y renovadora.
Dejé el peso de la aventura en manos de mis amigos, me dediqué a escuchar y a mirar, a mis amigos. Me dieron trabajo para mucho tiempo con lo que escuché y para mucho más con lo que vi cuando miré.
No creáis que todo fue tan profundo y “filosófal”. Gané, y no diré con quien para no crear agravios, un gran torneo futbolero, a pesar de que los jugadores que me tocaban a mi, no se ponían hacia delante, tenían cierta tendencia a ponerse en forma contraría, y eran ellos y no yo, a pesar de las malas lenguas los empeñados en tal mala postura. El caso es que no se como ni por cuanto, pero “ i tis de winer” o algo que se le parece (es que soy de francés) También les tope en una acción que yo no pude compartir, al menos de la misma manera.
En fin, que estos días pasaron rápidos, en uno, incluso, nos quitaron una hora, pero duraron lo suficiente para que cada uno de ellos, de mis amigos, no de los días, se llevara un trocito de mi corazón y de nuevo desee coger mi mochila, mirarme al espejo del ascensor y decirme :Vanadis Jones…
P.D.
Ellos me hicieron la foto, a pesar de todo no les guardo rencor.
Vanadis Jons, se nota que andas escasa de echar una cabecita, no puedes disimular que te caes de sueño.
Espero poder estar en el próximo encuentro aunque no creo que aguante sin dormir, eso lo llevo muy mal.
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