Lunes, aunque lunes, todo indicaba que podía ser un gran día. Hoy no tenía compromisos de trabajo. Un día tranquilo, sólo tenía que atender el correo y ya había visto que era poco, lo dicho un día de descanso, así que me dedicaría a fantasear, que últimamente se me da divinamente y me lo paso pipa. Programé mentalmente la mañana; primero: “hice felices a mis hijos no haciéndoles yo en desayuno para el recreo y dándoles dinero para que se compraran ellos esas porqueriítas que tanto les gustan (de tarde en tarde tengo que abandonar el papel de “la peor madre del mundo” para convertirme en la madre : “ya era hora que un día…”) Abandonaría la ropa de faena e iría a caminar para sentir el invierno. De vez en cuando necesito sentir el frío en la piel, llenarme de la sensación de vitalidad que me proporcionan las bajas temperaturas, me estimulan, me dan ganas de reír y sentirme feliz y de darle al cuerpo marcha, porque ya os dije que llevo unos días que el cuerpo me pide marcha y hacer cosas.
Hoy dejaría las recetas rápidas para estar en los fogones (esto es una metáfora, porque yo uso mis máquinas) y deleitarme con los ingredientes. Antes sólo tenía que ir a dar el aviso de que este fin de semana, con el temporal nocturno, las nuevas ventanas seguían permitiendo el paso del agua, vamos que es como si supieran de mi necesidad de contacto con la naturaleza y lucharan a muerte para no aislarme de las inclemencias del tiempo. Pero no importaba, hoy era lunes y el paro cardíaco ya lo había tenido el sábado por la mañana al ver mis nuevas parede, de nuevo empapadas. No importaba, estaba recuperada. Después iría a comprarme una cartera nueva, porque la que tenía se reventó, literalmente, e iría a buscar a mi queridísimo a la hora del café para que me invitara a desayunar con él. Maravilloso lunes de primeros de marzo.
Si es que a veces parezco tonta. ¿Es que a estas alturas, después de medio año de convivencia, no se lo que puede resultar de tratar con Los Visitantes? pues me acerqué a su garito, di el comunicado y en un abrir y cerrar de ojos, todos mis planes para el maravilloso lunes “a tomar pol c…” en unas dos horas estarian en mi casa, así que tuve que ir a por la cartera deprisa y sin ver a mi queridísimo, por supuesto lo de desayunar, ja, ja, ja… Respiré hondo, me relajé que para eso aprendí a hacer relajación y meditación transcendental de esa, y llego a casa, mucho antes de lo previsto, aún faltaba una hora para la invasión, así que me decidí a llamar a mi amigo encontrado. La conversación que había tenido cuando le encontré hace unos dias quedó un poco cortada y me apetecía escucharle, porque me encanta escuchar y tengo ganas de escuchar durante un largo rato a mi amigo encontrado. Sin saber si le encontraría o si era buen momento, marquen su número, un poco cortada, tuve suerte, volví a encontrar a mi amigo y cuando parecía que la conversación iba a tomar fluidez, como si de una maldición se tratase, una hora antes de lo previsto llegaron Los Visitantes a cortar por segunda vez mi ansiado diálogo con mi amigo encontrado. En ese momento supe que hoy no sería capaz de presentar batalla. Yo superviviente nata, guerrera por naturaleza (a que parece distinto) había bajado la guardia y había sido vencida antes de darme cuenta si quiera de la lucha.
En una rápida despedida, colgué el teléfono para derrotada, dar paso al Visitante.
El bloqueo me duró el resto de la mañana, las recetas se quedaron a media, no tuve mi pincho de media mañana y el futuro del aluminio se presenta oscuro, muy oscuro. Aún así con mi complejo de Ave Fénix, parte del sustento digestivo quedó de rechupete: Tomé el conejo troceado y lo doré bien doradito junto con una cebolla muy picada, en mi máquina GM, cuando estaba a punto le eché la sal y un puñado de piñones, medio bote de tomate frito y cerré programando el menú de carne. No tenía el cuerpo para más. De acompañamiento tuve suerte de que me había sobrado de la cena yuca frita y col china a la que se me olvidó ponerle su manzanita, su sal, vamos su todo.
Porque en el fondo soy un poco sufrida y me lo comí todo, pero lo único que se salvaba era el conejo, rico, rico.
Al final tendrás que poner una habitación para los "Visitantes" y que se trasladena vivir a tu casa.
Publicado por Amigo encontrado
martes, 07 de marzo de 2006 | 20:41
Ánimo, Vanadís. Si ellos son tenaces nosotros elásticos, si ellos, duros, nosotros flexibles, si ellos necios, nosotros prudentes.
Espero que no se enkafke más esta albañilea situación o por lo menos que no se te endantesque.
Bersos
Publicado por Invitado
martes, 07 de marzo de 2006 | 21:25
Vanadis, es una delicia leer tus “recetasrelatos”
Mcar
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Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales