Hoy os voy a poner una receta de estas que cuando se te acaba lo del plato, miras para la fuente y a los platos que te rodean y vuelves a mirar el tuyo, y ante la desesperación que produce la ausencia de… mojas. Mojas pan, mojas el dedo o lo que haga falta, incluso si se descuidan cae algún que otro chupetón.
La receta no es mía, pero como ya os dije los reyes, los magos, no vayamos a liarla, me trajeron libros que me sirven de inspiración culinaria. Encontré una que me sedujo primeramente por su nombre, “Favorito del sultán” o algo parecido. Tampoco es que pueda poner muchos detalles porque con esto de que ahora hay que pedir permiso para todo y al final de este libro te lo ponen bien clarito y bien gordo, para que no puedas alegar que no ves bien, que tienes que pedir permiso para copiar. Pues nos quedamos solo en generalidades, el caso es que este plato le gustaba mucho a un sultán y lo pedía cada poco y se lo daba a sus visitas para impresionar. El libro también cuenta una anécdota de cuando alguien muy famoso, de aquella y de ahora también, quiso que le copiaran la receta y como el cocinero del sultán se ofendió todo él y dijo que para una receta no es necesario cantidades ni esas cosas, sino amor y todo eso. Así que yo como el cocinero del Sultán.
La receta en su origen era con cordero, pero ahora los turcos, porque es una receta turca, la hacen con pollo que está más de moda, por eso yo la hice con pavo.
Resulta que coges el pavo o el pollo o los puristas que cojan el cordero y se trocea, poniéndolo a sofreír unos minutillos en una sartén grande. Yo le puse en mi nueva y maravillosa máquina de cocinar (un día de estos os la voy a presentar) mientras tanto picas una cebolla y un par de pimientos de estos largos y verdes. Sacas la carne, cambias el aceite y metes la cebolla, cuando ya casi está pones el pimiento y a darle otras cuantas vueltecitas, cuando ya te parece que está a tu gusto, echas de nuevo el pavo o el pollo o los puristas el cordero y sofreímos un ratillo más, entonces ya ponemos un par de tomates sin piel y sin semillas en trocitos, ponemos una cucharada de pimentón dulce y sin que se nos olvide poner la sal hacemos: Si estás con la sartén se le echa un vaso de caldo y se deja hervir a fuego fuerte hasta que el pollo o lo que sea esté tierno. Y si tienes una máquina como la mía, no es necesario ningún líquido, cierras, programas menú carne y a esperar que te avise que ya está, sin agobios de vigilar que no se te queme ni controlar el tiempo, ella es muy lista y los hace solita.
Aprovechamos el tiempo para hacer una bechamel, a la que añadiremos cuando esté hecha, la carne de una par de berenjenas que previamente habremos asado. Se revuelve bien, bien y a una fuente, encima ponemos el pollo o el pavo y los puristas el cordero y a prepararse para chupar hasta el plato.
Vamos que después de probarlo ya se porqué se llama como se llama.
Soy Filigrana, del foro thermomix. No sé que me ha gustado más si la receta o como lo cuentas.
De verdad que la pruebo para sentirme como una verdadera Sultana.
GRACIAS POR ESTA MAGIA.
Publicado por amanda
martes, 31 de enero de 2006 | 20:31
Estoy deseando conocer a esa máquina tuya que lo hace todo tan rico. Y la receta, ya sabes, de intercambio.
Un beso.
Que pinta tiene esoooooooooooooooooooo! Felicidades!
El título me ha recordado un plato familiar, que va pasando en mi casa, de generación en generación, de padre a hijo. En este caso sólo chicos... Se llama la ensalada del Marajá. Estoy pensando que no sería mala combinación para un menú que bien podría haberse colado en la mesa de la hija del visir (Serezade), mientras relataba uno de los cuentos de las mil y una noches.
de primero... Ensalada del Marajá.
de segundo... el plato favorito del sultan.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales