La Posada del Bosque
sábado, 21 de enero de 2006
LA INSÓLITA, MISERABLE Y FRAGMENTADA VIDA Y PASIÓN DEL CHACAL. Tema 3
Hoy he tenido otro regalo. Revisando el correo me he encontrado uno que de mano me llamo la atención por su extensión. lo firmaba "Carajiyo" y después de alguna halagadora frase me ha dejado este relato para compartir. Aquí os lo dejo.

Gracias Carajiyo

Tema 3, anoche, cuando dormía...

LA INSÓLITA, MISERABLE Y FRAGMENTADA VIDA Y PASIÓN DEL CHACAL.


No sé si lo he soñado, si ocurrió en verdad, como, cuando y donde le he visto, todo es un misterio ahora, pero lo cierto es que yo estaba allí cuando sucedió, lo viví de primera mano, escuché los diálogos, lo he avistado todo, cada día, en el momento exacto en que los hechos se desarrollaban , cada fase, cada evolución por leve que haya sido, la viví en calidad de espectador de privilegio al margen de no poder reconocer, recordar, saber si estaba en una butaca de un salón oscurecido con una pantalla gigante al frente y devorando un paquete de palomitas de maíz, o estaba en casa, tirado sobre la alfombra del living mirando la televisión con una Coca Cola en la mano, o en una cama, lejos de la realidad y entregado a la reconfortante inconsciencia del sueño.

Pero esto ha sido de mi conocimiento, y así os lo cuento.

Rafael Cabello, extraño tipejo del cual no me preguntéis como sé su nombre, ingresó – como todos los días – a CyS . Esta es una gran librería, casi excesiva en su importancia, independientemente de ser la única existente en una no muy grande población de la provincia de Almería.

Este Cabello, cuyo verdadero color ignoro –perdonadme la broma-, trabajaba (tampoco sé si aún lo hace), en la Compañía de Teléfonos ( todos vosotros sabéis de cual hablo, no es bueno que le hagamos propaganda gratis a estos bellacos).

El susodicho Rafael era un operario de redes, que, supongo, alguna jerarquía sobre sus hombros debía tener, asunto que le permitía salir sin mayores problemas - al menos por un corto tiempo en horas de labor y siempre de mañana-, ya que su casi diaria visita – ya lo veréis – no era muy extensa en el sacrosanto ámbito de CyS.

La casi inadmisible, pero, os juro, que verdadera historia comienza así:

“Juanjo”, de profesión vendedor de primera categoría, de condición servil y arrastrado alcahuete de una categoría aún mayor, se acerca a don Ángel Reyes, mentor , gerente director , y esencialmente marido de doña Remedios Verdaguer, esta última nombrada, copropietaria de CyS con un –al menos- 99% de acciones, otro 99% de carácter, datos sin mayor importancia, como lo es sin importancia conocer a esta portentosa matrona unida ante la Santa Madre Iglesia, y legalmente ante los hombres, con el abobado mentecato nombrado al inicio de este pastel.

Veremos entonces que cuestiones intolerables le hacía llegar a los oídos del benemérito zángano Ángel Reyes, el “Juanjo” , del cual ya hemos hecho su repugnante presentación en sociedad.

Escuchad, o si queréis, mejor leed este diálogo:
- Don Ángel.
- ¿Sí, dime Juanjo?
- Ese badulaque que trabaja en la telefónica y que viene casi a diario por las mañanas a eso de las diez, ¿ le ubica?, bueno, ése es un maldito, ruin e hijoputa como no hay otro.
- Eh! ¿ Cómo?¿ Porque que dices eso? - A mi me parece un tío correcto, claro que nunca compra nada, pero, a ver, cuéntame, ¿qué pasa con este caballerete?.
- Hace ya casi un mes, y usted deberá disculparme por no haberle avisado antes, sabe usted Don Ángel que por NUESTRA librería yo daría mi sangre si es preciso, pero he querido cerciorarme día a día, sin posibilidad de error, de la canallada de la cual somos víctimas por manos de este bribón, del que ya he averiguado su nombre: Rafael Cabello. Y como le decía, don Ángel, he querido estar seguro del indigno accionar de este cretino, tanto como para que usted pueda castigar con terrible rigurosidad y lavar esta afrenta a la que estamos siendo sometidos día a día.
- Pero, hijo de Dios!, deja de tanto palabrerío y castigos y misterios y mejor me cuentas que pasa con este Cabello. ¡Habla y para de dar vueltas, que no entiendo ni jota que pasa aquí!
- Bueno, le diré que desde ( sacó una libretita muy pequeña donde tenía anotado varias cosas) el día 2 de octubre, o sea que ya van 23 días que este miserable ha sacado del estante número 17 donde están las novelas y “best seller” que ya han pasado de moda desde varios años atrás, un libro, el que ha llevado y ocultado en el estante número 66, en la parte de atrás de la fila doble, ese estante pequeño destinado a los libros relacionados con la entomología, es decir al que no concurre prácticamente nadie. No ha elegido mejor escondrijo el maldito. ¿ Qué me cuenta?
- ¿Pero eres idiota o qué? ¿ Porque no te explicas de una buena vez que hace el tío este, cambiando de un lugar a otro un libro?. ¿ Para qué? ¿Con que objeto? Dímelo tú, pedazo de alcornoque, que lo has estado espiando por casi un mes; vamos habla claro de una vez.
- Bueno, no se sulfure don Ángel que ya le quito sus dudas. Resulta que este bribón de Cabello ha sacado de los “best seller” ya anacrónicos, esos de los que se vende uno cada muerte de obispo (con perdón de sus Santas Eminencias), el libro de Frederick Forsyth, “EL DÍA DEL CHACAL”. Yo lo sé, pues la primera vez - en aquel fatídico dos de octubre -, le vi ocultar este título entre los textos de los insectos y una vez que se marchó he revisado y encontrado este libro “extraviado” en un lugar que no le corresponde. Pero lo he dejado tal como estaba, para vigilarle día a día y descubrir –como que lo he hecho de puta madre- su miserable estrategia para robarnos a NOSOTROS, don Ángel.
- Bien hecho Juanjo, pero sigue, no me tengas en ascuas. ¿ Dices robarnos? Cómo es eso? ¿Que hacía exactamente el tipejo éste? Vamos, cuéntame.
- ¿Hacía?.... No don Ángel , LO SIGUE HACIENDO. No va usted a creerlo. Si, ya sé. No me diga. Abreviaré y le informo de todo al momento. Este cretino de la ostia, sacó la novela, se buscó un escondite adecuado, y día a día, haciéndose el que revisaba otros libros, tomaba éste y se leía unas cuantas páginas. Luego lo volvía a esconder en el mismo sitio y se marchaba hasta el otro día. Ya le he dicho que yo verificaba toda la artimaña, todo tenía yo bajo vigilancia, he controlado hasta el avance de la lectura que se robaba. Sabe usted, que el tío éste para no perder el hilo del relato, tenía marcado con una cancelada tarjeta de comunicación telefónica en la que alguien había anotado a mano un número de siete dígitos, la página en la cual dejaba la lectura cada mañana. ¿ Se da cuenta don Ángel, a qué clase de miserable rata de albañal nos enfrentamos? Mire, si me lo contaran no lo creería.
- Bueno, no te enloquezcas Juanjo. Avispados, crápulas, rateros de baja estofa, tíos de esta calaña los hay por donde quieras que mires, que los tiempos han cambiado y la gente , ni te cuento. A ver, tráeme el libro ese.
- Aquí lo tengo don Ángel . Sabía que me lo pediría.
- Bien. Pero antes de hacer lo que vamos a hacer, me prometes que ni una palabra a la serpiente de mi mujer, que si esta lo sabe, es capaz de regalarle el libro al Cabello este, y si la encontramos de mal ánimo, también es muy capaz de acogotarlo delante de toda la gente, ya le conoces...
- Sí don Ángel, no diré una palabra a la serpiente, digo a doña Remedios, y no habrá regalo, ni acogotado, ni nada. Lo manejaremos NOSOTROS, claro, bajo sus sabias y precisas instrucciones, don Ángel.
- Bien, haremos esto. Tu retiras todos los libros de este título que tengamos en los estantes -revisa todo y bien-, además de este que has sacado del escondrijo hecho por este ratonzuelo telefónico, jejeje, ni apodo que le hemos puesto, ¡ay mi Dios , que mundo éste! , y cuando no quede ni rastro de “ EL DIA DEL CHACAL” en nuestra venerable librería , los guardaremos todos en un lugar del depósito, -cerciórate bien que nadie pueda hallarlos por casualidad y los reponga a los estantes de la venta-. Tú eres el depositario de estos libros y sigue con la vigilancia, ahora más que nunca, para ver que hace este “ Cabellito” cuando no encuentre su libro, jejejejejeje, me tendrás al tanto, jejejejejeje.
- Si, don Ángel, muy bien pensado, si yo siempre he dicho que usted es un genio..... ya mismo me ocupo de organizar NUESTRA defensa....

El resultado de los inusuales y grotescos hechos producidos por el inefable “ratonzuelo telefónico” y la consiguiente maquinaria puesta en funcionamiento por el ojo avizor del sagaz chivato “Juanjo”, y el no menos ahora soldado de una guerra no iniciada por él, y nos estamos refiriendo al honorable don Ángel Reyes, esposo legítimo de doña Remedios Verdaguer, alias La Serpiente, copropietarios de la librería CyS, dio por tierra con todas las especulaciones que el desprevenido lector se estuviera haciendo en estos momentos, pues ya veremos la culminación de este maldito embrollo que atentó en su momento contra la sociedad democrática y los pilares de la sacrosanta civilización occidental y cristiana.

Al día siguiente de la siniestra maniobra urdida por el abominable y temible “Ojo de Águila, Juanjo” y su no menos -ahora devenido en secuaz- don Ángel Reyes, tranquilo y como todos los días, el astuto Rafael “ratonzuelo telefónico” Cabello, hizo su ingreso en CyS a las 10,00 horas de la mañana, en punto.

Como quien no quiere la cosa, saludó, dio unas vueltas mirando casi con indiferencia los títulos expuestos en los distintos anaqueles, hasta que al fin, como una astilla de hierro atraída por un imán , una leve y muy practicada genuflexión le llevó hacia el sector más bajo del estante número 66, donde los insectos de Oceanía se codeaban con los de Malasia, los Países Bajos, África septentrional y otros lugares del planeta al parecer cubierto de estos bichos asquerosos.

El ave de presa “Juanjo” se mantenía en estratégico lugar. Inamovible su ojo entrenado, seguía atento las evoluciones ya desconcertantes del astuto ratón telefónico que parecía no hallar lo que buscaba, por momentos casi con desesperación.
Esta exótica malversación de letras impagas que inexorablemente debería llevar a la imposición del estigma, la mácula y la nunca más justa humillación del mísero ratón telefónico y su audacia en robar por fragmentos la trepidante vida y últimas horas del CHACAL y su decidido accionar en pos del magnicidio de temibles consecuencias mundiales, terminó –casi diríamos- de manera sorprendente, y hasta civilizada si se quiere.

Rafael Cabello, no habiendo logrado ubicar el libro que estuvo “deglutiendo por migajas” día a día, y sin conocer el desenlace fatal al que lo arrastraba su ilegítima y usurpada lectura en cuentagotas, solicitó a un vendedor que se acercó a atenderle, un ejemplar de “ EL DIA DEL CHACAL”.

El dependiente luego de verificar en el ordenador la lista de libros en stock, y habiendo constatado la existencia de tres ejemplares, se abocó a la búsqueda de los mismos, no logrando ubicar ninguno. “Juanjo”, sabía que la bola vendría a sus pies, y no tardó en llegar en forma de consulta. Se presentó como jefe de ventas ante el desconcertado “ratón”, cuya natural imperturbabilidad parecía irse desmoronando a medida que tomaba conocimiento acerca de que en la “ tarde de ayer” estos ejemplares junto a otros títulos de distintos géneros, se pusieron en la mesa de saldos a 0,50 centavos de euro, y -según estimaba el gozoso jefe de ventas- “ volaron todos o casi todos", “así que disculpe usted”, “pero que no podemos complacerle”,
“aunque si quiere podemos ofrecerle”...y el mundo se cayó en mil pedazos, sepultando al “ ratón” , al “ águila” y a todo ser que hubiere osado hollar los salones de venta de CyS en esos cruciales momentos para la humanidad lectora de los chacales asesinos de importantes jefes de estados, y a ti aterrorizado lector que a estas alturas debieras estar infiriendo una solución razonable para este complejo intríngulis que azota la impoluta sociedad occidental y cristiana.

- Don Ángel , el “ratonzuelo” ha solicitado que le mandemos a pedir a editorial, un ejemplar de...bueno, usted sabe...¿ Qué hacemos?
- Pues haz lo natural. Le dices que en unos días le daremos respuesta, pero hazlo sufrir, dile que son ediciones muy viejas y que es probable que no haya stock en la editora. Que le confirmaremos en su momento. Que deje el 50% de seña.
- ¡Muy bien pensado don Ángel! Si yo siempre he dicho que usted es un genio.

Cumplido este trámite de contraataque elaborado por don Ángel y ejecutado por su fiel secuaz, el avispado y servil cotilla “Juanjo” , pasaban los días y normalmente el ahora devenido en desgracia Rafael “ el ratón telefónico” Cabello, cumplido con la entrega de la mitad del importe del libro según lista editorial, concurría a diario a CyS. De tanto en tanto preguntaba “si había noticias”. La negativa le ponía en un estado de ánimo deplorable, quizás nunca llegara a conocer el final de aquella novela portentosa que le había tenido en vilo por semanas.

Hasta que “llegó” el libro.

- ¿ Entonces, don Ángel, hoy cuando venga, le decimos que el libro ha llegado? ¿ Y que le diremos respecto del estado? Los tres que habían, realmente estaban para la liquidación. ¡Y ni hablar del que había escondido el muy bellaco; manoseado a más no poder! .
- Déjame a mí, Juanjo. ¡ Joder, con estos tío de hoy en día! Ya verás como se come la bellota el puerco este.
- Si, don Ángel...¡haga que la trague sin un resoplido! ¡Ja! Si razón tengo cuando digo que usted es un genio.

A eso de las 9,30 de la mañana, el “ratonzuelo telefónico” Cabello hizo su ingreso a CyS. Al saludo de práctica, le respondió don Ángel Reyes con la mano derecha levantada casi como un saludo fascista, apretando en el puño un ejemplar bastante ajado de “ EL DIA DEL CHACAL”.

¡Al fin, al fin ha llegado!, alcanzó a murmurar en voz alta el hoy alegre “ratonzuelo”. Dijo esto, al tiempo que don Ángel le alcanzaba el libro, le preguntaba si le ponía dentro de un sobre y además le recordaba el pago del 50% restante. Cabello, entregó el dinero sin chistar y luego, extrañado, como si algo le incomodara, le inquirió al propietario sobre el estado algo vetusto del libro. Este le contestó, que puesto que el libro de marras no se imprimía más por su antigüedad, la editora solo pudo conseguir un sólo volumen en sus depósitos, que eso era lo único que había, y que si no lo quería, no tenía inconvenientes en retornarle el dinero adelantado y devolverlo a la distribuidora aduciendo la queja del cliente por el mal estado del ejemplar.

¡Nada de eso! ¡Me lo llevo tal cual está!, así en la mano está bien, muchas gracias señor Reyes.
Espere, espere el tiquete de venta, un segundo por favor. Aquí tiene, y una bolsa de la librería; ¡Cómo va a llevar el libro en la mano!. Además un poco de publicidad gratis nunca viene mal. Jajájajá.

Así es, gracias nuevamente. Buenos días y hasta mañana.

Rafael Cabello, salió de su trabajo en la compañía telefónica a las 15 horas. Llegó a su apartamento de soltero, abrió la nevera, se preparó un sándwich de increíbles proporciones y ya arrellanado en su sillón de pana verde, se precipitó a ubicar la página en la cual recordaba haber dejado la historia electrizante, aquel malhadado día de la barata, de los saldos por monedas en la maldita librería del pueblo. Pero no hizo falta. Fue abrir más o menos por donde calculaba haber dejado el hilo del relato, que el libro dejó caer una cancelada tarjeta de comunicación telefónica en la que alguien había escrito a mano un número de siete dígitos.

Rafael Cabello, se quedó mudo. Luego meneó la cabeza a uno y otro costado y sin más preocupaciones que el futuro inmediato, se lanzó a devorar las páginas restantes. En ese instante de reinicio de lectura, el chacal se acercaba cada vez más, peligrosamente, a su ilustre presa, el general de Gaulle.

El “ roedor” telefónico sonrió. Permanecía feliz con su libro y no estaba dispuesto a utilizar su tiempo en algo más que no fuera conocer el desenlace del mismo. Al fin de cuentas, sus buenos euros le había costado.


FIN
Publicado por Vvanadis @ 22:19  | La buhardilla
Comentarios (5)  | Enviar
Comentarios
Mi respuesta
Publicado por Vvanadis
sábado, 21 de enero de 2006 | 22:21
Mañana te lo comento. Guiño
Publicado por Matilda1
domingo, 22 de enero de 2006 | 11:33
Extenso relato, lo mismo que los demás contertulios, copio y leo con tranquilidad, en el hueco del sofá.
Publicado por Vvanadis
domingo, 22 de enero de 2006 | 18:53
leído el extenso relato, con ciertas claves de humor y cierta intriga por ver lolque pudiera acaecer con "el Cabello". Al final si es sorprendente el final, porque es de lo más normal y cotidiano, el mensaje está claro, la cultura sólo para el que la paga y cuando de verdad hay ganas...
Muchas y largas explicaciones, son las que contribuyen a crear cierta atmosfera de misterio, patra al final darte cuenta de que esconde la verdadera cuenta.
Publicado por peyocicuta
lunes, 23 de enero de 2006 | 1:05
Este relato se inclina por apoyar al pobre "cabello", ya que los dos libreros, que la verdad siendo como son, no creo que se granjeen muchos amigos clientes, pero al final el negocio es el negocio y si quieres algo que te interesa y deseas, tienes que soltar la "guita", si fueran a la fnac, se volverian locos, ya que tienen habilitadas salas de lectura con música ambiente, para que te cojas el libro que más te guste y lo devores de un tirón, por cierto este relato por último es una clara invitación para leer las aventuras del chacal.
Publicado por Matilda1
martes, 24 de enero de 2006 | 20:32
Es un relato muy divertido, auténtico, y con un argot muy telefónico.
He estado todo el rato pendiente de final, esperando los acontecimientos, además puede tener multitud de finales, ha gustado mucho.
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