En la tormenta,
lluvía,
truenos y relámpagos
se oían;
la mar brava rugía
con gritos de agonía.
La vida era un lamento,
los peces lloraban,
desde las profundidades surgían
negras manchas de muerte.
Toda la vida atrapada
entre la viscosa almadraba,
aunque no era zona de atunes
ellos también se quejaban.
¡Que desaliento!
cantaban las sirenas
y hasta las barcas quejicas
de tanto fuel protestaban.
¡Que dejen la mar tranquila!
¡que no le envenenen el alma!
¡que necesita sosiego!
¡que necesita calma!
27/02/2003
Fuente de la fotografía: www.sz.euv-frankfurt-o.de/.../ webgallery/images/
El mar es tan grande que no se nota un poco de porquería que se eche. Decía el capitán del buque que apenas era una mota en la inmensidad del mar.
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