Últimamente, estoy dejando las máquinas de cocinar a un lado; no es que no salga rica la comida, no, al contrario hay una que sale muy sabrosa, pero parece que en ocasiones, bien sea por nostalgia o por un qué se yo, apetece coger las viejas sartenes, viejas recetas y darse el gusto de manchar un montón de cacharros, salpicar todo de aceite y olvidarse del progreso.
Esta receta es una inspiración de todo eso, es sencilla, rápida pero te da tiempo de sobra a poner la cocina echa unos zorros.
Empezamos por coger unos lenguados, de esos ya congelados y enrollarlo . Yo los sujeto con un par de palillos para que no se deshagan, después los paso por huevo, batido, y en pan rallado y hala a la sartén o a la freidora a dorar. Se hacen en un segundo, porque el lenguado se cocina muy rápido.
Mientras tanto una de dos o haces una salsa de tomate a lo tradicional, con su cebollita y todo o sacas del armario uno de esos tarros de cristal con un sofritota hecho que están muy buenos, todo hay que decirlo. Lo pones a calentar y le echas unos guisantes, ya que estamos en ello también nos sirven de lata. Una vez caliente, se vierte sobre los lenguados y se sirve caliente. (parece que esto último me está quedando muy profesional ¿verdad?) En esta ocasión lo acompañé con arroz blanco, del basmati que está muy rico.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales