Esas que forman el día a día, que las tenemos siempre ahí pero que en raras ocasiones caemos en la cuenta de que son las que podrían hacernos sentir bien durante más tiempo del que creemos, sólo con reparar en ellas.
Afortunadamente y porque me lo curré y sigo currandomelo, todo hay que decirlo, cada vez veo más de esos momentos.
Hoy tuve unos cuantos, primero, al poco de empezar el día y mandar a mis hijos hacer sus camas antes de irse, no recibí quejas ni protestas, sólo un :¿tienes que ir hoy al jusgado? y ante mi afirmativa respuesta, obtuve una rápida y eficaz actuación de mis dos descendientes, mientras continuaban su loca conversación matinal. Supongo que este "regalo" vespertino me predispuso para el resto de la jornada.
Cuando llegué al juzgado, la segunda sorpresa del día, no sólo obtuve TODO el expediente solicitado sin que ningún celoso funcionario escamotera los originales que él considere excesivos para mi vista, sino que tuve un trozo de mesa y una silla entgera para mi sola. No me lo podía creer, aquellas dos cosas estaban dispuestas para mi uso y disfrute, cosa que hice. Pero no os creais que ahí se acabaron mis dichas, no, también tuve noticias de "Los Visitantes", es que ya no los tengo todo seguido en casa, ahora sólo van de vez en cuando, y hoy tocó y no sólo se dignaron pasar por casa, sino que en uno de los ventanales por los que entra el agua a chorro cada vez que llueve, encontraron un agujero por el cuál, sugún sus propias palabras es posible que penetren los litros del preciado líquido, desde la nube directamente hasta mi pared recién lucida y pintada.
He gnado una pequeña batalla a la gran Hidrocantábrico, con la ayuda de Industria, eso sí, pero...todo resulto en el día, revisor de la instalación del gas incluido y la última llamada del día, confirmando que mañana vendrán a reparar la caldera para que no se me apague mientras me estoy duchando.
¿Verdad que hay días en que lo único que puedes decir es que la felicidad si existe?
Después de aguantar estoicamente toda la obra empiezas a disfrutar de las reformas. Lo tienes merecido.
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