En uno de mis innumerables viajes sorpresa, bueno aquél tampoco recuerdo si fue sorpresa sorpresa, pero si no lo fue, poco faltó, eso seguro. Decía que en uno de tantos y tantos viajes que realizaba de niña, llegué hasta el famoso Museo del Prado. En la memoria tengo una jornada agotadora, un “empacho” de cuadros “bestial” y que hay muy pocas pinturas que realmente recuerde, para ser exactos, se que están allí.
Hay uno muy especial que no conocía su existencia cuando le descubrí, ni siquiera había oído hablar de su autor, pero veo muy bien el momento del encuentro. Primero fue una pequeña lucha por reconocer que a pesar de estar agotada, con unas ganas enormes de irme de aquél aburrido museo, de pronto al entrar en una sal, a la mano izquierda una tabla flamenca pintada por un tal El Bosco en el siglo XVI, El Jardín de las delicias resplandecía llena de color, nitidez y como una especie de puzzle de miles de piezas a las que hay que observar una a una para poder recomponer el todo, me atraía y me gustaba. Finalmente me acerqué y contemplaba absorta hasta que mis padres se acercaron y m dijeron: Te gusta, verdad…” ahí mi cabezonería se impuso y negándolo rotundamente me aleje diciendo que estaba aburrida, que cuando nos íbamos.
Nunca más volví a contemplar esta obra de cerca, quizás algún día vuelva y en esta ocasión, será para contemplarla el tiempo que sea necesario.
Se me viene a la memoria de aquella visita, que no es lo mismo contemplar una pintura al natural que en una foto.
PD.
Lo tenía guardado en artículos en espera, por no ser repetitiva, pero... mañana será otro día
El otro día mientras leía tu artículo sobre Dalí me vino a a la cabeza este cuadro.
Otro pintor que me gusta mucho, tanto por las formas como por sus temas es Bruegel, tengo una colección de "Grandes Maestros del Arte", son todos pintores, y de vez en cuando me entretengo echándoles un vistazo.
La Posada te ofrece
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales