El otro episodio, lectorcillo, importante en el decurso de mis días tuvo lugar el 15 de Julio en la romería de san Jaime. Como todos los años la comarca entera acudía de rodillas a lo alto del monte donde está la ermita y luego hacían una comida. Ello se hacía en señal de fe aunque pienso que también podía ser por abrírseles el apetito de la caminata. ¡Eran gentes a las que movía el oscurantismo ya que pudiendo comer primero y no ir a la ermita, sin embargo, iban primero a la ermita y después comían! Ese día se nos antojó apropiado para celebrar mi cumpleaños y pensé que sería una buena idea para Manuela y un servidor ir a festejarlo a la romería. Como le complaciera mi sugerencia me alegré enormemente, tanto que me ofrecí a ir de rodillas para que san Jaime bendijese nuestro amor. Ella lo aprobó, pareció emocionarse y, a juzgar por el par de lagrimillas que desbebieron sus ojos, enjaboné su ego. Hecho el ofrecimiento a la Virgen pura, subimos al monte pié (o hubiese llegado con las rodillas echas un cristo a la ermita).
Folgábamos a la sombra de una acacia después de embaular una azumbre cada uno con un pajita entre los dientes a modo de mondadientes, observando el curioso teatro del mundo, su hipocresía y sus opilaciones. Me preguntaba yo de dónde saldrían tantas moscas y la misa de campaña ya había terminado. Había ojeras vigilando las hogueras en cuyas llamas de cobre se ennegrecían enormes peroles llenos un pastoso potaje de garbanzos. El cura de almas todo redonda figura, todo lechón, se acercó a una de ellas y se le dio un mendrugo, el cual mojó en el moje y se lo abocó a la boca mirando de reojo al ama. Dio el visto bueno y comenzaron a salir tragones que parecían setas después de la lluvia. Nosotros, observábamos la escena, cuando una silueta abadajada, más estirada que un minsitro, más negra que el fondo de una mina en África, hierática, enlutada, se vino hacia donde estábamos. Una voz de campana extractora me martilleó los oídos a la par que cinco morcillas de Burgos se posaron en el hombro de mi amada: “Manuuuela”. Aquel sujeto era de los que muy anteriormente había lavado ropa con mi Manuela. Fuimos presentados. Aquel pájaro se llamaba “Copito de nieve” y era lobo de mar. Cuando le pregunté por los extraños tintes de su nombre me respondió que lo debía a cierta marca de nacimiento, a un lunar bajo el ombligo. Al parecer en su pueblo las gentes eran muy negras. Su historia es la siguiente: con aquella marca de nacimiento su madre angustiada consultó a la bruja, que la advirtió de que aquella era una señal de los dioses y predijo que si el niño caía al agua, se ahogaría si no nadaba y si nadaba se salvaría; que su fortuna en esta vida sería buena o mala o regular; que viajaría mucho si salía de la aldea y no volvía y si volvía, viajaría menos y si no salía, nada. La madre pagó a la hechicera con todo su capital, una gallina flaca y se fue. Parece ser que la predicción fue correcta, que luego se cumplieron todos los vaticinios de la artera hechicera: copito de nieve se fue de su pueblo y no volvió, viajó mucho y como se hizo marino se cayó al mar y nadó y no se ahogó, etc. Parece ser que después de conocer a Manuela (profunda y misteriosa como el cráter de una cascada) se embarcó con unos portuguesines en un viaje que iba hacia la muerte del sol y que como, según advirtieron, el sol estaba de chunga y moría y volvía a nacer, moría y volvía a nacer y no se le podía tomar en serio con ese humor negro, héte aquí que llegaron a unas tierras lejanas que él (Copito de nieve, no el sol) bautizó como Copitombia y héte aquí que tras pelear con los “culex pipiens” encontró y bebió de una fuente que lo hizo inmortal. Pero de todo, lo que más me llamó la atención era que tenía las palmas de las manos blancas. Amén de las palmas y su fuerte ventura después de mascar juntos nos despedimos. Quizá alguna noche estuvo cerca… pero no llegué a verlo. ¡Ah, Manuela tenía razón, no había una parcela de piel en su cuerpo que no estuviese tatuada!
¿por qué será que desde que el mundo es mundo, todo el mundo se empeña, en la inmortalidad, o la eterna juventud. Con la miseria de pensiones que quedan y la inflación, no se yo si quisiera encontrar esa fuente.
"Una voz de campana extractora", me confunde en el tiempo. La historia la situaba en la época del Lazarillo de Tormes más o menos, ¿realmente a que tiempo pertenece?
Ja, ja, ja, Matilda, ja
que pronto habéis olvidao
cuentos últimos del foro
en los que se había jugao
a engañar a los lectores
con faltas de ortografiao
y otro tipo trampantojos
Al final tó lo liao
se deslia, Matilda, y
este cuento se ha acabao.
Ah!, amigo Crisdolot, recuerde vuestra usía, que una servidora no participaba en los relatos por lo que no estoy al corriente de esas guisas.
La Posada te ofrece
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales