Hay un poema que me llega muy adentro y que comienza :
"he andado muchos caminos
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares y
atracado en cien riberas..."
Es habitual que siempre guarde algo de esas andanzas, unas más venturosas que otras, o mejor dicho unas más alegres que otras, venturosas todas.
Por problemas técnicos además de la ayuda de algún tasgu no puede rubricar directamente su voz, hacernos llegar sus trovas. Así que aquí estoy, de fiel intermediaria, entre la bella palabra y vos.
Empezaremos con un relato por entregas, hoy va la primera y como recibí el encargo, de yo misma titularlo, en un acto "homenajeador", he decidio llamarlo:
"El retorno del Trovador"
Referir la historia de mi vida con salero, lector, es imposible (como tu entenderás si pasas adelante) en virtud del defecto de que narro mejor comidillas ajenas. Comenzaré, pues, el relato de mi edad y cutredad por el parchís familiar que es el desgraciado juego de donde los hombres adquieren sus primeros bienes y su primeros males. Mi padre fue enguantador de juanetes, remendón, frívolo, zafio, saturnal, bilioso, más devoto de san Flagelo cardenalicio y santa Correa de Ayes que de su advocación natural, esto es, san Crispín. Ya desde niño le cogí gusto al oficio cuando saboreé los cueros de la profesión en los propios y aprendí lo importante que es ayudar en el hogar para la protección y cuidado de la piel (del culo, con perdón). Mi madre aunaba en su seno amoroso dos grandes pasiones, las más firmes y más turgentes del reino, una era juntar puntos y la otra no apartar un punto la vista de Dios, la primera por que fue calcetera y la segunda por la frecuencia con la que empinaba el codo. Nací en entre contrarias contracciones, contra mi albedrío, sin consulta ni encuesta, en la vulgar provincia de Alicante y en el cutrón pueblo de Elda. Cuando cumplí cuatro años mis padres se mudaron, se mudaron de pueblo, y pasé algún tiempo en Denia. Finalmente unas herencias nos llevaron a afincarnos en Callosa de en Sarriá, herencias más que de bienes de males pues en pleitos nos vimos metidos por no se que quítame allá esas pajas. En Callosa me hice mozo y aprendí todas esas malicias, reniegos y brutalidades propias de la especie reina.
Querido Crisolot:, no sabes cuanto me alegra tu visita y poder leer de nuevo tus versos, estrofas y cuitas. No diré mucho de ésta tu última historia,pues no quiero adelantar, nada al que no la conozca.
Sólo puedo decir que con ella me he divertido y hasta reído, a pesar del batiburrillo hallado. Sigues fiel a tu estilo de mantener viva la historia, hasta que pones el fin.
Bienvenido, Crisdolot, esa forma de escribir romances que has recuperado en este universo tan sumergido en las nuevas tecnologías nos acerca a un lenguaje adornado de poesía.
El trovador y sus poemas, ahora vierte la fuerza literaria que le crece por su sangre, y nos deleita con su gracia,sus refrescantes y originales disquisiciones.
Me sumo calurosamente a las muy justas bienvenidas.
Un abrazo patagónico.
Publicado por Invitado
martes, 01 de noviembre de 2005 | 20:54
A este foro yo me sumo
y multiplico por todos
dadóos de mi lo bueno
en unos casos y en otros.
Volver a trabar palabra
me agrada mucho con todos.
Matilda, el pata, Vanadis...
un besiverso a mi modo
os envío cibernético
¡Dios me os guarde! Hasta pronto
Gracias por las calorías
La Posada te ofrece
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales