No podía dejarla. Todas las fotos tienen una historia y esta no va a ser menos.
Es una historia de dos cámaras, la que sacó la instantánea expuesta y la que sacó una pelicula a quien me hacía la foto. Que en su empeño por sacarme, sacarme bien y que se supiera dónde estaba, logró parar la caravana, porque iba en una caravana de esas del desierto, con camellos que en realidad son dromedarios y los lugareños llaman dromedarios, pero todos los turistas nos empeñamos en llamar camellos, en un intento de que no se desnucara al caerse del dromedario.
Fueron unos momentos que casi rozan la tragedia y hubiera sido una tragedia rara, extraña, causada por un ataque colectivo de risa que ni siquiera los camelleros pudieron controlar y nos dejó claro a todos los componentes de la expedición, que los dromedarios no están acostumbrados a una risa colectiva.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales