Con esto recupero otro relatillo más de mi anterior blog.
La paja en el ojo ajeno y demás incapacidades
No me queda más remedio que aceptar que en ocasiones soy conflictiva, es decir, creo conflictos, pero no conmigo misma, gracias a dios y sobre todo gracias al terrible esfuerzo que supone ponerse delante del espejo, mirarse y reconocer que no hay más cojones que la imagen que ves eres tú, ya no me creo conflictos. Eso no quiere decir que no los cree a los que viven a mi alrededor ¿por qué? Será la viga, será la paja, ¿quí lo sá? seguro que alguien la ve. Será la incapacidad, no en vano ya tengo todos los papeles para la minusvalía. En un campo hay quien cae herido ensartado por saetas tan afiladas que cortan el aire con un zumbido apenas perceptible y lanzadas con certera puntería, (esta frase parece poética) y nadie se entera. No en vano ya desde chiquitines se entrenaron para ello, vamos para lo de crear situaciones en las que la tarjeta se la saquen al contrario y nadie se entere de la situación creada. Y los hay que caen asustados por el ruido de un pestañear. Es es más difícil, pero ocurre, especialmete cuando crees que el mundo gira alrededor tuyo y solo conoces la capacidad cabrona y retorcida de la mente humana; entonces ese ruido, el del pestañeo, te parece una bomba(la verdad que empiezas a pensar que te puede caer una bomba o peor incluso, pensar que las bombas fueron creadas exclusivamente para ti…acojona) con el susto encima comienzan los gritos: ¡Ay, ay, como duele, pupa! y se van a la UCI con la sirena puesta, en medio de un gran despliegue de medios. Porque si no hay despliegue de medios la gente no se entera y no es lo mismo. Como empecé con un refrán, voy a terminar con otro, es que me gustan: “quien mal anda, mal acaba.” Solo falta decidir, quien anda mal y donde esté el final. Seguro que hasta en eso hay discrepancia.
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales