De momento me quedaré con este titulo, aunque hace tiempo leí un libro que se titulaba: “Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien” y ya pensaba que este sería mi triste final, sin haber podido contemplar finalizado el origen de mis ¿sufrimientos? Es que, de verdad, ya no se como llamarlo, porque sufrir lo que se dice sufrir…pues bastante porque no había manera de acertar la porra y ver con que nos iban a sorprender cada día.
Llevo un rato hablando y todavía no dije de qué. Creo que eso demuestra que algo así como una pequeña obsesión está anidando en mí y que todavía tardaré una temporadita en superarlo, porque lo que se dice olvidar, me inclino a que nunca.
Por fin conseguí que la habitación elegida para ostentar el título de la “Habitación Azul” esté de color azul. Debo confesar que o me estoy haciendo mayor y mis capacidades lingüísticas, explicativas y de convicción están en declive o que el pintor (muy jovencito) no es de la generación de Barrio Sésamo y lo de arriba y abajo e izquierda y derecha no lo acaba de pillar. A pesar de todo gané por dos a uno, yo conseguí la habitación y los dos tonos de azul elegidos, y el pintor combinarlos a su aire.
Ventanas y puertas afianzadas, con todos los embellecedores nuevos y perfectamente selladas, bueno las puertas de la cocina, se les olvidó sellarlas por dentro, pero no importa tanto porque por donde llueve es por fuera y así tengo una perfecta excusa para no fregar el suelo todos los días no vaya a ser que se me moje la puerta por debajo. Además me regalaron un pulverizador lleno de acetona de la que usan ellos en el taller, para que pueda limpiar bien la silicona que está fuera de su lugar. ¿a que es todo un detalle?
Lo de los cristales ya me explicaron que no hay problema, que eso no es cosa de ellos, así que mejor esperar unos días, porque los cristales tienen garantía de 10 años, y ya vienen a cambiármelos, porque tengo razón, los cristales deberían ser totalmente transparentes y esos irisados de “colorines” que tienen no quedan bien.
El carpintero de las puertas, porque tengo dos carpinteros, uno de las puertas y otro para el suelo. Pues el de las puertas ya vino, no hizo falta que nadie le dijera nada, el solito calculó cuando acabarían los albañiles, vino y puso las puertas. Yo preferí no entrar de lleno en la conversación entre él y el albañil por haber puesto la puerta antes de meter la lavadora (es que después no coge, hay que quitar los batientes, ji ji ji) es que me “meo toa”. De momento la puerta sigue puesta, pero estoy segura de que mi lavadora logrará llegar al sitio elegido y tendré puerta y todo.
Han desconvocado la huelga del transporte así que va a ser divertido escuchar el porqué no llegan mis muebles y mis mamparas.
He bajado las persianas sin tener que subirme a una silla para tirar de ellas hacia abajo y a las 8 de la tarde ya se habían ido todos de casa, quedamos mi familia yo, solos nosotros.
Alguien escribía hace poco que existen pequeñas felicidades, a mi ahora me parece que existen grandes felicidades.
Quizás en otra ocasión os hable de los daños colaterales de mi dormitorio
Patagónico no ser indio malo; sólo habla de lo que lee en este bloq. Si a él, caer lata de pintura por descuido de "filipino" que estaba pintando el techo del "porche", ya ha sufrido bastante para que se hable de daños colaterales. Curandero de la tribu, dice que dolor se va, un día, cuando menos lo piensa uno. Por ahora, calmar un poco y aprender algo: Siempre uno tiene que estar mirando pa' el cielo, porque si no , viene " latazo", viene dolor, viene bronca; uno ser fuerte, pero ante "latazo" de pintura, cualquiera aflojar. Si no escuchar a José Hernández:
"El hombre, hasta el más altivo,
con más espinas que un tala,
afloja andando en la mala,
y es blando como manteca;
hasta la hacienda baguala,
cae al jaguel con la seca."
Te ofrece un salón donde tratar todos los temas, la biblioteca para los libros, la sala de tv con peliculas,la cocina y sus guisos; la buhardilla llena de magia y nostalgia cuyos objetos cuentan una historia y por supuesto los cuartos personales