Tomándome la confianza que no me ha sido otorgada y ante la imposibilidad de qué una servidora pueda realizar una entrevista a un ganador de un premio Nacional de Poesía, traigo a este rincón de la Biblioteca, la publicada en La Vanguardia Digital.
ENTREVISTA a José Corredor-Matheos, premio Nacional de Poesía
JUSTO BARRANCO - 09/10/2005
Barcelona
Alejado de los cenáculos literarios durante décadas y conocido sobre todo por sus numerosos escritos sobre arte - Tàpies, Guinovart, Gutiérrez Solana-, José Corredor-Matheos, con los versos desnudos de su último libro, El don de la ignorancia (Tusquets), ha obtenido esta semana el premio Nacional de Poesía. Nacido en Alcázar de San Juan en 1929, pero residente desde 1942 en Barcelona, donde se licenció en Derecho, su primer libro de poesía, Ocasión donde amarte,apareció en 1953. Pero fue la Carta a Li-Po (1975) la que desvió su obra hacia la poesía esencial, una poesía que mira a Oriente y a los místicos e intenta "dejar sólo el hueso".
- ¿Cómo ha recibido este premio, usted que ha sido un poeta a contracorriente y casi clandestino?
- Ha sido una sorpresa y una gran alegría. Es personalmente para mí importante. Empecé en la poesía a los 16 años. En los años 50 y 60 iba mucho a Madrid porque trabajaba en Espasa, y asistía a la tertulia del café Gijón, que Gerardo Diego presidía en silencio. Él fue el primero que me impresionó tras Juan Ramón Jiménez. Luego, con mi dedicación a la crítica de arte, perdí contacto con el mundo literario y he vivido al margen de las tendencias. También es una cuestión de carácter: me gusta ser independiente.
- No se ha dedicado a la poesía de la experiencia ni a la social, como otros compañeros de generación. ¿A qué impulso responde su poesía?
- No se trata de una voluntad de hacer una poesía u otra, no se hace poesía por una decisión razonable o un acto de la voluntad. Respondes a un impulso interior, un impulso que puede que se despierte por algo externo: una sensación, un paisaje, un rostro. La poesía, en algún nivel, responde a las necesidades de su tiempo y de su contexto, incluso físico, pero en otro nivel más profundo va más allá. La experiencia existe, pero de ella en el poema tiene que estar la esencia, el poso, donde se ha desvanecido lo demasiado circunstancial. En el momento de escribir poesía, el tiempo y el espacio desaparecen. Como Kafka dijo: "Yo estoy en alguna otra parte". En alguna. No sabes cuál es. Se puede escribir poesía social u otra si responde a una necesidad interior. La poesía no es un acto fruto de la razón, sino un acto de obediencia.
- ¿Cómo se inicia en la poesía esencial que cultiva?
- La escribía ya a los 17 años, pero la abandoné. Que la retomara fue fruto de una evolución personal relacionada con mi interés por el budismo, que empezó en los 50 y se notó en mi poesía a finales de los 60.
- ¿Qué le interesa del budismo?
- Me da lo mismo que me dan todas las otras creencias espirituales pero sin dogmas, sin jerarquías, sin parafernalia. Te hace sentir solo ante la realidad, una realidad desconocida. En ese punto, como dicen el budismo zen y los místicos, estás delante de la nada.
- ¿Es usted nihilista?
- No, creo, pero no sé en qué. Cuando estás ante esa situación, esa sensación de situación límite, casi no puedes decir nada. La mejor poesía no es algo distinto del silencio.
- ¿Cuál es El don de la ignorancia?
- El don de la ignorancia es que en el momento de escribir tienes que olvidarte de todo. Estar solo "ante el pavor y el gozo de vivir", y entonces, de algún modo, estás vacío. Cuando escribes de esa manera puedes oírte esa voz interior.
- En los poemas del libro habla de levedad, transparencia, sosiego.
- La sociedad en la que vivimos, en ese sentido es, sobre todo, ruido. Parece que quiera que no pensemos y no sintamos. Te lo dan todo hecho, incluso las emociones.
- ¿Busca la trascendencia en su poesía?
- Creo en la trascendencia, pero no puedo decir nada preciso sobre eso. Wittgenstein decía que "el sentido del mundo está fuera del mundo". La poesía más honda tiene un sentido trascendente. Pero no creo que se pueda hablar de un objeto de esa trascendencia. Incluso mejor sería no hablar de ello.
- Escribe que "no hay nada que se pueda cantar si no es el canto mismo". ¿Qué función tiene la poesía?
- El poema no tiene un fin en sí mismo. Es un camino que te lleva a otro sitio, a esa alguna otra parte de Kafka. Cuando se habla de conocimiento, quizá sí lo es, o una ignorancia, porque es muy difícil explicarlo con palabras. Como cuando san Juan de la Cruz dice: "Un no sé qué que viene balbuciendo".
La poesía es un arma cargada de futuro. El título de esta poesía de Gabriel Celaya, es muy significativo al igual que su poema.
"Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica."
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