Salí al rellano y me asomé a la barandilla, lo suficiente como para ver sin ser visto. Ella seguía subiendo la escalera, llegó a su piso, y la luz del rellano iluminó la mezcolanza de colores de su pelo cortado a lo chico, con franjas leonadas, mechas de rubio albino y rubio amarillo.
Era una noche calurosa, casi de verano, y Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón de limón, una pueblerina insatisfacción del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingona. Unas gafas de sol oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia, pero que aún no era de mujer. Pensé que podía tener entre dieciséis y treinta años; resulto que le faltaban dos tímidos meses para cumplir los diecinueve.
No estaba sola. Un hombre la seguía. El modo en que su rolliza mano le rodeaba la cadera parecía en cierto modo indecoroso; no moral, sino estéticamente. Era bajo y ancho, de pelo abrillantinado y moreno artificial, un tipo encorsetado por su traje a rayas, y con un marchito clavel rojo en el ojal. Cuando llegaron a la puerta ella se puso a revolver el bolso en busca de la llave, y ni se dio por enterada de que los gruesos labios de aquel tipo le estaban hociqueando la nuca. Por fin sin embargo, tras encontrar la llave y abrir la puerta, Holly se volvió cordialmente hacía él:
- Gracias chato... Has sido muy amable acompañándome hasta aquí.
-¡Eh, nena!-dijo él, porqué estaba cerrándole la puerta en las narices.
-Dime, Harry
-Harry era el otro. Yo soy Sid. Sid Arbuck, Sé que te gusto.
-Te adoro, Arbuck. Pero buenas noches Arbuck.
Mr. Arbuk se quedó mirando on incredulidad la puerta que se cerró firmemente.
La frase que me resulta brillante es:
"El modo en que su rolliza mano le rodeaba la cadera parecía en cierto modo indecoroso; no moral, sino estéticamente."
Como ciertas situaciones, son repugnantes no por la apariencia física en sí, sino por ese trasfondo sutil de la falta de delicadeza.
Sí, también me llamó la atención la frase. Tiene su punto.
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