Como sigo empaquetando cosas, sigo encontrando cosas para el recuerdo. Ayer fueron unas fotos de cuando era más joven, de cuando mi pasión era la carretera y cambié la mesa de delineante por el volante de un camión.
Las fotos eran con colegas de la época y a partir de ahí un recuerdo que lleva a otro...total que llegué a aquellas tardes en que tras una dura jornada de trabajo nos reuníamos en una sidrería. Empezábamos con unas botellas de sidra y ya se sabe que para beber hay que "forrar". Así sin darnos cuenta estábamos cenando. Eso sí sin reconocerlo, porque además lo hacíamos en la barra y de pie. Pedíamos varias cosas, que si una tabla de embutidos; que si otra de quesos; que unos chipirones; ¡oye, trae también una tortilla! y cuando nos llegaba el olor del pescado recién frito, no se nos escapaban unas parrochas fritas.
Así que para cenar preparé unas parrochinas y ensalada. Se tarda muy poco, rebozarlas en harina y a freír, pero cuando son frescas es uno de los pequeños manjares que aún nos podemos permitir y casi casi que tenemos que comerlas como en mis recuerdos, de pie.
Acabo de felicitar a nuestro campeón. Teo si te vas a Candás, toma unas de mi parte, nunca me canso de ellas y si van con sidra ni te cuento.
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